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jueves, 26 de julio de 2012

The hands resist him

También conocida como “la pintura embrujada de eBay”, es una pintura creada por el pintor norteamericano Bill Stoneham, en 1972. Representa un joven junto a una muñeca, de pie, delante de una puerta con paneles de cristal contra el que muchas manos se presionan. Según el artista, el niño se basa en una fotografía de sí mismo de 5 años, y se interpreta como que la puerta es una representación de la línea divisoria entre el mundo de vigilia y el mundo de los sueños y posibilidades, y la muñeca es una guía que acompañe al niño a través de ello. Las manos representan a las diferentes posibilidades de vida del niño. Esta inquietante -y para algunos, horrible-, pintura, se convirtió en objeto de una leyenda urbana en febrero de 2000, cuando se puso en subasta venta en eBay, y se hizo pública su aterradora historia.

La pintura fue mostrada en una galería de Luisiana durante la década de 1970, momento en el que fue revisado por el crítico de arte del “Los Angeles Times”. Fue entonces comprada por el actor John Marley, recordado por su papel como Jack Woltz, en “El Padrino”. En algún momento después de la muerte de Marley, la pintura se dice que han entrado en la posesión de un joven de California, después de haber sido encontrado en el sitio de una antigua fábrica de cerveza.

La pintura apareció en eBay en febrero de 2000. Según el vendedor -el joven desconocido antes mencionado-, la pintura es portadora de algún tipo de maldición: en su descripción del cuadro para eBay, se alegó que los personajes de la pintura, durante la noche, salen de la pintura y entran en la sala o cuarto donde el cuadro esté expuesto; en el anuncio de venta, también fueron colocadas una serie de fotos del cuadro “…cambiando la forma en la noche”, las cuales se dijo que habían sido capturadas por una cámara web. Para aumentar la imagen de “objeto maldito” de la pintura, el vendedor incluyó una cláusula de exención de responsabilidad, que eximía al vendedor de toda responsabilidad, si la pintura era adquirida.

La noticia acerca del cuadro y su maldición se extendió rápidamente por los usuarios de Internet. Al poco tiempo, algunas personas afirmaron que, simplemente viendo la foto de la pintura, comenzaron a sentirse mal o tener experiencias desagradables; muchos más aseguraron sentir un inexplicable pavor al verla. Otros inquietantes informes, hablaban de reacciones extrañas a ver las imágenes: entre ellas figuraban las de personas que cayeron violenta e inexplicablemente enfermos o sufrieron desmayos, niños gritando al ver a la pintura y los observadores que aseguraron que tras ver el cuadro, se sintieron poseídos por una “entidad invisible”.

“Una impresora Epson, nueva, se volvió loca y se comió y mutiló página tras página sin parar, cuando un visitante a intentó descargar imágenes de la pintura”-, fue uno de los testimonios más impactantes. El anuncio en la página de la subasta fue visto más de 30.000 veces en menos de 30 días.

Tras una oferta inicial de US$ 199, la pintura finalmente recibió 30 ofertas y se vendió por US$ 1,025. La galería de arte Perception en Grand Rapids, Michigan, se puso en contacto con Bill Stoneham, sorprendidos por todas las extrañas historias y la interpretación de las imágenes que los internautas reportaban, y por la inusual historia de su subasta en eBay, convirtiéndose en su nuevo propietario; poco después, la leyenda del cuadro maldito se acrecentó, primero cuando el nuevo propietario informó acerca de un exorcista que fue a ver el cuadro, y afirmó haber sentido “una voz junto con un chorro de aire caliente,… como al estar de pie frente a la puerta de horno”.

Lo segundo fue cuando Stoneham declaró posteriormente que tanto el propietario de la galería, como el crítico de arte que la revisó inicialmente, murieron en un plazo menor a un año de entrar en contacto con la pintura.

Sin embargo, Stoneham no se ha dado por vencido y pintó la “Parte 2” de su cuadro más famoso: Resistance At The Treshold, (Resistencia en el Dintel) donde el niño ha crecido y todo aparenta un grado importante de abandono. No está a la venta, por suerte...


El Experimento McPherson

En Diciembre de 1983, el doctor Gary E. Duncan y un grupo de científicos pioneros en neurociencias de la Universidad de Chappel Hill en Carolina del Norte, realizaron un experimento radical en un edificio privado. Los científicos tenían la extraña teoría de que un humano con acceso muy limitado a estímulos externos es capaz de percibir la presencia de Dios. Ellos creían que los cinco sentidos bloqueaban nuestra conciencia de la eternidad, y sin ellos, un humano era capaz de hacer contacto con Dios a través del pensamiento.

Haciendo uso de una potente neurotoxina administrada en dosis pequeñas y controladas, pretendían aumentar la capacidad de percepción extrasensorial del individuo en cuestión. Hubo un voluntario para tales fines. Harry S.McPherson, un hombre viejo que dijo "No tengo nada como para seguir con vida" fue el sujeto de pruebas. Para purgarlo lo mayor posible de toda percepcion externa, los científicos hicieron una compleja operación en cual gran cantidad nervios sensoriales conectados al cerebro eran quirúrgicamente cortados. La droga le fue administrada vía intravenosa en pequeñas cantidades, pero de manera permanente.

El anciano quedó sólo con sus pensamientos. Los científicos lo monitoreaban mientras él hablaba sobre su confuso estado mental, susurraba frases que ellos no podían escuchar muy fácilmente. Después de cuatro días, el hombre dijo que estaba escuchando voces ininteligibles en su cabeza. Tomándolo como si fuera un síntoma de psicosis, los científicos le dieron poca importancia a las preocupaciones del hombre. Dos días después, el hombre lloraba diciendo que podía escuchar a su esposa muerta hablando con él, y aún mas, el podía responderle. Los científicos estaban intrigados, pero no estaban convencidos del sujeto, no hasta que comenzó a decir los nombres de parejas o parientes muertos de los científicos. Él menciono información personal a los científicos que sólo sus esposas o padres muertos hubieran podido saber. Al llegar a este punto, una cantidad notable de científicos dejaron la investigación.

Después de una semana conversando con los muertos, el sujeto entró en un estado de mucho estrés, diciendo que las voces eran demasiadas y constantes. A cada momento, su mente era bombardeada por cientos de voces que se rehusaban a dejarlo solo. Él frecuentemente se tiraba contra la pared, tratando de inflingirse una respuesta al dolor. Les rogó a los científicos una mayor cantidad de droga, así podía escapar de las voces mientras dormía. Esta táctica funcionó por tres días, hasta que tuvo severas noches de terror. El sujeto repetidamente decía que podía ver y oír a los muertos en sus sueños. Un día después, el sujeto comenzó a gritar y arañar sus casi inútiles ojos, esperando sentir algo del mundo físico. El anciano histéricamente decía que las voces de los muertos eran reales y hostiles, hablando del cielo, el infierno y del fin del mundo. En un momento, el gritó "No hay perdón". Lo hizo durante cinco horas consecutivas.

Contínuamente rogaba ser sacrificado, pero los científicos estaban convencidos de que estaba cerca de establecer contacto con dios. Después de varios días, el sujeto no podía formar una frase coherente. Aparentemente loco, comenzó a arrancar a mordiscos pedazos de carne de su brazo. El doctor Duncan corrió dentro de la sala de pruebas a atarlo a su camilla para que no se suicidase. Después de unas horas atado, el sujeto detuvo su forcejeo, comenzó a mirar al techo y las gotas de lágrimas corrieron por su cara.

Por dos semanas, el sujeto era hidratado manualmente por su llanto constante. Eventualmente, giró su cabeza, hizo contacto con los ojos de un científico por primera vez desde el comienzo del estudio. Él susurró: "He hablado con Dios, y él nos ha abandonado" y sus signos vitales se detuvieron. No hubo una causa patologica para su muerte. Parecía que el anciano simplemente había decidido morir.

John Wayne Gacy, el payaso asesino

Gacy era un buen tipo, muchos lo consideraban como “un vecino modelo”. Atento, amable, siempre dispuesto a colaborar de forma desinteresada con las asociaciones para la mejora de la comunidad. Todo un ejemplo de ciudadano, a no ser, claro está, por las decenas de cadáveres que aparecieron, como el que no quiere la cosa, bajo su casa… Casado, con dos hijos y homosexual reprimido, a los 26 años intentó abusar de un jovencito al que maniató. Todavía inexperto en esto de los asesinatos, el jovencito se escapó, lo denunció a la policía y el bueno de Wayne fue a parar con sus huesos en la cárcel. Lo condenaron a diez años de prisión, pero al igual que en su vida pública, Gacy fue en recluso modelo y consiguió que a los 18 meses de estar en prisión lo dejaran en libertad. Salió el 18 de junio de 1970.

Tras salir de prisión volvió a sus quehaceres, se reintegró, levantó un negocio próspero que daba trabajo, como no, a los jovencitos del barrio. Daba fiestas en su jardín multitudinarias a las que acudían las almas más piadosas de los alrededores, gente de las asociaciones en las que Gacy trabajaba, como la Defensa Civil de Chicago o los Jaycees, una especie de cámara de comercio para la juventud, y si todo esto es poco, se enfundaba su disfraz de Pogo, un payaso más terrorífico que divertido, y acudía en sus ratos libres a entretener a los niños de los hospitales y orfanatos cercanos. Un buen disfraz sin duda: ¿Quién iba a pensar que tras aquel payaso se escondía un violador, asesino y maníaco en potencia? En 1972 se casó de nuevo con una tal Carole Hoff, divorciada y con dos hijas, que pese a conocer el motivo por el que Gacy fue encarcelado, no le dio más importancia pensando que fue algo pasajero y que aquel buen hombre no volvería a cometer los mismos errores. Craso error de Carole, por supuesto, pues ese mismo año, Wayne Gacy cometería su primer asesinato.

Un joven con el que se había acostado en su propia casa, por la mañana, según relató Gacy, lo encontró con un cuchillo en la mano, pensando que el joven quería robarle, entablaron una lucha y Gacy lo mató… éste seguro que no lo denunciaba como el anterior. A Gacy siempre le gustaron los negocios. El padre de su primera mujer era director de zona de las filiales del Kentucky Fried Chicken, y uno de estos restaurantes fue el primer negocio que dirigió. Tras varios intentos fallidos, en 1974 creó la empresa de constructores, Painting, Decorating and Maintenance Contractors, Inc. De nuevo, la particularidad de la empresa es que toda la plantilla eran jovencitos apuestos. Él comentaba que así eran menos impuestos, aunque la realidad era bien distinta, pues la verdadera finalidad era usarlos para sus prácticas sexuales. Muchos de estos trabajadores se convirtieron en sus víctimas y acabaron a un par de palmos bajo el suelo del sótano de su casa. John Wayne Gacy no era ningún portento de la belleza, era un tipo más bien gordo y bajo, afable y, eso sí, con pinta de una muy buena persona. Cuando no se hallaba ocupado en abusar y en hacer desaparecer a alguno de sus trabajadores, salía de caza. Acudía a lugares de encuentros homosexuales, donde seleccionaba a sus víctimas. Los llevaba a su casa, donde los maniataba, torturaba, sodomizaba y al final, estrangulaba. El sótano de Gacy ya estaba repleto de cadáveres. El buscar un hueco libre para enterrarlos llegó a convertirse en todo un problema, de modo que comenzó a arrojar cadáveres al cercano rio Des Plaines. Ciertamente, a Gacy tampoco parecía preocuparle demasiado la discreción en aquellos tiempos y nunca fue un lince ocultando sus atrocidades. Los rumores y los dedos acusadores no tardaron en señalarle cuando comenzó a llevar a casa a sus víctimas a plena luz del día, y más cuando un buen número de sus empleados habían desaparecido sin dejar rastro. 

La desaparición de Robert Piest, su última víctima, fue la que puso a la policía sobre su pista. La madre de Piest le estuvo esperando el 11 de diciembre de 1978, el día de su cumpleaños, pero Gacy se anticipó y realizó su macabra celebración. La madre, cuando denunció su desaparición, dijo que el chico había ido a un aparcamiento a verse con un contratista para un empleo de verano. Piest trabajaba en un Drugstore y allí informaron a la policía de que Gacy había estado en la tienda realizando un presupuesto de reformas. Tirando del hilo poco a poco, todo condujo a Gacy. En su casa encontraron 33 cuerpos y todo un catálogo de efectos personales para identificarlos. El payaso asesino había conservado trofeos de casi todas sus víctimas, aunque ni tan siquiera recordaba el nombre de la mayoría. En su desfachatez, incluso llegó a vender el coche de uno de sus asesinados a un empleado. Nunca se ha sabido a ciencia cierta a cuántas personas mató Wayne Gacy. Algunos jóvenes tuvieron la suerte de escapar de la casa de Gacy, quizás porque colaboraron voluntariamente en los temas sexuales, quizás porque Gacy no tenía ese día en concreto ganas de matar, incluso uno de ellos, con el que sí que lo intentó, escapó y lo denunció a principios de 1978. Se trataba de Jeff Rignall, de 26 años, había aceptado subir al coche de Gacy y éste lo durmió con cloroformo en un descuido. Rignall despertó maniatado en el sótano de Gacy. 

Allí lo violó y lo volvió a dormir con anestésico en varias ocasiones. Finalmente, no se conocen los motivos, Rignall despertó en un parque cercano con el hígado destrozado por el cloroformo. Lo denunció a la policía que, increíblemente, dictaminó que no habían pruebas suficientes para inculpar a Wayne Gacy sin tan siquiera sospechar ni relacionarlo con las frecuentes desapariciones en la zona en los últimos años. El pasado de Gacy coincide con el perfil de la mayoría de psicokillers de la historia. Una familia desestructurada, un padre alcohólico que maltrataba a todos sus hijos y a su mujer, que incluso una vez mató de un tiro al perro de John como castigo por algo que había hecho. Según el mismo Gacy contó, a los cinco años una muchacha había abusado de él y a los ocho años fue un contratista quien se propasó. John Wayne Gacy fue un psicópata sin ningún tipo de remordimientos, frío y despiadado y con una gran capacidad de convicción para hacer creer a todo el mundo lo que quería. Su doble vida fue el papel de su vida, una actuación perfecta que mantuvo casi indemne hasta que lo atraparon. Fue ejecutado por inyección letal el 9 de mayo de 1994, sin el más mínimo atisbo de arrepentimiento sobre ninguno de sus asesinatos. 

Sus últimas palabras fueron: “Besadme el culo”. Dos frases en una entrevista en la cárcel retratan muy bien su forma de ver la vida: -¿Qué está permitido hacer? -Todo lo que pueda sin ser pillado. -¿Qué es bueno? -Todo lo que es bueno para mi. Gacy pintó una serie de dibujos y cuadros, de factura más bien patética, y como también suele ocurrir en estos casos, una panda de enfermos que consideran a este tipo como una especie de héroe místico han llegado a pagar sumas considerables por estas basuras. Portada de algunos de cd´s de algún grupillo pseudosatánico e inspirador de alguna que otra película de serie B. 



Perro Ruso zombie

NdH: Este no da  miedo, pero es interesante.


Experimento real, 1940.

En el siguiente video, se muestra cómo resusitar a un cadáver de perro en la Unión Soviética en el año de 1940 con el fin de dar avances médicos en generar curas para órganos inservibles.
Tales experimentos se realizaban en un laboratorio haciendo funcionar cada órgano vital del animal por separado con máquinas y tubos y todos ellos conectados haciendo funcionar el cerebro del cadáver y dándole vida al animal. 



miércoles, 25 de julio de 2012

Escaleras

Cuando era pequeña, mi familia se mudó a una vieja casa de dos pisos con enormes cuartos vacíos y pisos que rechinaban al caminar. Mis dos padres trabajaban, así que constantemente me quedaba sola cuando regresaba de la escuela.

Una tarde cuando regresé de la escuela, no había electricidad, y la casa estaba totalmente obscura.

Grité: “¿Mamá?”

Y escuché su voz: “¿Siiii?” Desde arriba en las escaleras.

Le volví a llamar mientras subía las escaleras para saber en qué cuarto ella estaba, y otra vez escuché el “¿Siiii?”. Como acabábamos de mudarnos, estábamos decorando la casa, y todavía no sabía muy bien moverme entre el laberinto de cuartos, pero seguro ella estaba en alguno de los más lejanos, al fondo del pasillo principal.

Me sentí incómoda, pero me imaginé que era natural, así que me apuré para ver a mi mamá, a sabiendas que su presencia calmaría mis temores, como lo hace siempre la presencia de una madre. Justo cuando estaba a punto de abrir la puerta del cuarto, escuché como la puerta principal se abría en el primer piso, y escuché a mi madre gritar: “¿Cariño, ya estas en casa?”. Di un brinco hacia atrás confundida, y corrí hacia abajo por las escaleras con ella, pero mientras corría, miré hacia el cuarto y vi como la puerta se abría lentamente con un craqueo. Por un pequeño momento, vi algo extraño ahí… No sé qué es lo que era, pero estoy segura de que me estaba observando.